miércoles, 25 de junio de 2014

¿QUIÉN DIJO MIEDO?





¿QUIÉN DIJO MIEDO?


miedo.
(Del lat. metus).
1. m. Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario.
2. m. Recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea.

Cuando busqué el significado de la palabra "miedo" en el diccionario pensé encontrar algo relacionado o semejante a la descripción de una fobia. Es común que si alguien pregunta ¿a qué le tienes miedo? Te imaginas que se refiere al típico miedo a la obscuridad, a las alturas, a los animales, etc... Pero no, me dio mucho gusto encontrar lo que encontré y de lo que quiero hablar.

A veces uno tiene tantas ganas de hacer o emprender algo y de pronto, se paraliza; o, a veces, uno ha tomado una decisión y de pronto un escalofrío se toma nuestro cuerpo y sentimos terror de lo decidido; o empezamos a cuestionarnos una y otra vez si hicimos lo correcto...  y así, mil casos más. ¿Inseguros, precavidos, complicados? No sé si también hay algo de eso, pero estoy segura que lo que si hay es “miedo”.
Éste sentimiento si bien a veces nos funciona para detenernos y pensar mejor en dar un paso adelante en nuestras vidas, puede terminar siendo de lo más dañino y contraproducente. Sin darnos cuenta - y así nos consideremos: fuertes, valientes y luchadores - llega un momento en que nos atrapa, nos hace actuar de manera equivocada, lastimando a quien esta relacionado con ese miedo, o frenándonos, no permitiéndonos ser, actuar o avanzar.

El miedo no solo es frente a una decisión, el miedo se presenta también cuando empezamos a tener un sentimiento por alguien, y dependiendo de nuestras experiencias, este miedo puede coger fuerzas inexplicables, haciéndonos perder oportunidades importantes... y ni qué decir si se mezcla con el ego:  ¡Explosión!
Pero es justo en ese momento, cuando lo detectas, que el poder regresa a tus manos, es el momento de decir: no quiero tener miedo, quiero permitirme vivir esto o aquello, luchar por algo o simplemente dejarme llevar, al fin y al cabo qué es lo peor que puede pasar ¿qué nos equivoquemos? Entonces, con mayor razón, vencer el miedo es válido, porque esta vida no es otra cosa que un cúmulo de experiencias: alegrías y tristezas; aciertos y derrotas.  Experiencias que nos hacen sentir vivos.

Ése miedo no debería ser la razón para que uno deje de amar, para que uno decida salir de ése trabajo que te atormenta, para que uno decida emprender el sueño de su vida, para que uno decida hacer el viaje que tanto ha querido. Ése miedo no debe ser la razón para que uno deje de confiar en uno mismo y buscar la realización personal. No se puede permitir que nos haga retroceder o pero aún, dejar de avanzar.

El miedo también está ligado con nuestra necesidad de tener el control de la cosas, una vez que las situaciones se salen de nuestro alcance o implican decisiones de terceros, el miedo toma fuerza y nos lleva a vivir momentos de angustia y desesperación. Incluso está ligado con los conceptos que tenemos arraigados en nuestro subconsciente y que nos obligan a cumplir con estructuras sociales, religiosas y políticas que nos limitan y nos indican cómo "deben" ser las cosas para considerarlas "normales", es por ello que cuando algo fuera de esos parámetros ocurren, el miedo se apodera de nosotros.

Así también, cuando hemos sufrido la enfermedad de un hijo, el fracaso de un negocio, la pérdida de un ser querido o cualquier situación de dolor, el miedo es el primero en aparecer y bloquearnos para "protegernos" de que algo así se repita. Suena a protección, o sea, a algo bueno, pero no es nada más que una nueva barrera.
"¿...y si es qué esto pasa?", "¿y si me lo hacen de nuevo?", "¿y si fracaso?", "¡hubiera hecho otra cosa!", "mejor no tomo la decisión por ahora", "¿y si no es para mi?". Ésas son, entre muchas más, las frases que vienen a nuestra cabeza cuando dejamos entrar al miedo… y mejor no entro a mencionar las frases que podemos decir cuando el miedo se toma de la mano del ego y deciden hablar. ¡Explosión! Ooootra vez.

En todo caso, puede ser que ésto no te haya ocurrido y te parezca de locos... En cuyo caso me alegro por ti; pero si la situación te parece conocida, sabrás que existimos unos cuantos por ahí que pertenecen a tu grupo, que luchan día a día por dejar de controlar las situaciones, por intentar vencer miedos y buscar arriesgarse, que tratamos de convencernos que no hay mejor decisión que irse con todo, que cuesta un montón y que muchas veces el miedo gana la batalla, pero que tenemos claro, que las experiencias, con cualesquiera que sean sus consecuencias, no podemos dejar de tenerlas. 

No es cualquier dicho el que reza: vida solo hay una.  Y es que indistintamente de tus creencias, ésta vida, la que estas viviendo solo es ésta, es una sola y no se vuelve a repetir.  Perderla paralizándote no es justo.  El miedo nos cierra puertas, nos hace desaprovechar oportunidades, nos hace sentir inseguros de lo que somos, de lo queremos, de lo que anhelamos.  Nos impide ser felices.

A vencerlo entonces, vivir y experimentar, al fin y al cabo ¿quién dijo miedo?







lunes, 7 de octubre de 2013

ADBHUTA (Maravillarse)



Estas son cosas que me pasan, que necesito contarlas por que si me he sentido tan bien viviéndolas, mejor aún compartiéndolas...

Nunca me han gustado los perros. Los que tuvimos en casa cuando era niña, le pertenecían a alguno de mis hermanos y claro, yo compartía con las mascotas también, pero nunca sentí un real cariño por ellas, más bien me daban mucho temor.
Mi mayor acercamiento individual con un perro se dio hace muchos años cuando alguien me regaló una perrita que fue muy especial para mí, pero que por diferentes circunstancias tuve que alejarme de ella, así que, para fines prácticos, no he tenido mucha experiencia en esto.  
El año pasado, comencé a tener la idea de querer un chihuahua (solo quería un chihuahua, ninguna otra raza) no se por qué, pero esa necesidad comenzó a crecer.  Para mi cumpleaños, mi esposo e hijos me regalaron uno, lo quería negro, pero vino color caramelo; quería hembra, pero el que recibí fue macho y ¡no pudo ser mejor!.
Desde entonces, algo raro ha pasado en mi.  Comencé a experimentar un amor que no había sentido antes por nada, me hace feliz, me hace verdaderamente feliz.  Lo observo y veo en él cosas maravillosas. Puedo estar de muy mal genio pero verlo jugar en el patio, masticar sus muñecos o poner sus orejas para atrás, es suficiente para que mi genio cambie es ¡terapéutico! realmente lo es.  Y observar esos cambios en mi, me impresionan.  Es increíble lo que mi perro aporta en mi vida.   Me recuerda lo importante que es observar los detalles de la vida, de los momentos; lo divertido que son las cosas sencillas, lo fácil que puede ser sonreír, lo enriquecedor de entregarte como niño a un ser que no hace nada más que hacerte sentir especial e incluso, lo bien que le hace a la familia, aportando momentos de juego, de ternura, de compromiso. 

Algo parecido me pasó hace poco cuando estaba buceando y mientras disfrutaba de estar bajo el agua y ver toda esa maravilla, mi guía me toca el hombro para enseñarme un caracol -de los grandes- mientras me lo señalaba y se acercaba a virarlo ya que estaba sobre la arena, yo pensaba ¿me va a mostrar un caracol? ¿Qué podría tener de nuevo?.  Pues, tuvo ¡todo de nuevo! Nunca antes había visto un caracol en su hábitat y sin duda no tiene nada que ver con los miles de caracoles que encontramos en la playa y nos ponemos en la oreja para escuchar "el sonido del mar" cuando éramos niños. El color rosado que parece que sale de su interior, esta vez brillaba como con luz propia, el animal trataba de protegerse, mientras yo me maravillaba de la luminosidad y su tono casi fluorescente.  De lo que me hubiese perdido si lo dejaba pasar por alto pensando que era algo típico que no me aportaría con nada nuevo.

Experimenté algo similar, el día que fui a visitar a una querida amiga que había dado a luz a su tercera hija.  Cargué a la bebé en los brazos y luego de pasearla se durmió, así que en lugar de ponerla en la cuna, decidí acostarme yo y mantenerla en mi pecho, ¡si que no sentía algo así hace tanto tiempo! fue como que me transportaban a un mundo de paz total.  Lastimosamente, no he podido volver a ir, pero no olvido el sentimiento y lo maravillada que estuve al sentirme así, a pesar de tener hijos, había olvidado lo que hacer eso significaba.

Alguna vez escuché decir que cuando dejas de asombrarte o de admirarte de las cosas, estas casi muerto... Cuando experimento estas situaciones y muchas otras más, recuerdo este pensamiento y reafirmo su verdad, son esas cosas pequeñas, cercanas, que a veces pasan desapercibidas, las que nos recuerdan que en la sencillez de la vida hay maravillas y que cuando una las descubre y se asombra de ellas, puede vivir momentos plenos de alegría. 

Uno pasa la vida buscando momentos felices, esperando cosas excepcionales, cuando esos instantes están justo frente a uno y pueden llevarte a experimentar una felicidad completa, solo toca observar y maravillarse.
...O como dice una querida profe de yoga "adbhuta".

lunes, 22 de octubre de 2012

Creció.


Y creció… ahora escucha Guns and Roses, Bon Jovi, Aerosmith, U2, etc, etc, etc. Intentó tocar guitarra, ahora, bajo y simula ser una estrella de rock.  Maneja la computadora, y los aparatos electrónicos mejor que yo, es más, el me enseña.
Sus conversaciones son más sensatas, aunque debo reconocer, que el siempre ha sido más maduro que los de su edad.  Sus actualizaciones en el status de su blackberry dejan entrever que sus intereses han cambiado y ¡ni hablar de sus fotos del profile!.
Con su ropa busca encontrar su personalidad.  Converse es todo lo que tiene de zapatos en su closet y por supuesto Vans.  ¡Ya se afeita! y eso no es lo único que ha cambiado…
Me encanta, lo disfruto y lo vivo con intensidad cada momento. 
A veces que estoy en la casa y el pone la música a todo volumen – Gracias a Dios esta nueva generación escucha las mismas canciones que la mía – puedo acordarme de cuando tenía esa edad y siento que el es igual de feliz que yo en esa época.
Me cautiva que se sienta soberano de ser quien el quiere ser, que sea libre mientras se construye.  Procuro darle su espacio y ver en lo que se esta convirtiendo.  Disfruto de acompañarlo y guiarlo, sin dejar de observar sus gustos, preferencias e inclinaciones y respetarlas (en la medida de lo posible).  Eso sí, cuando entro a su cuarto y quiero cantar junto a el alguna de esas canciones que también a mi me gustan, pega cuatro gritos de vergüenza y me pide que por favor ¡no cante más! Claro, esas cosas ya lo avergüenzan.   ¡Ni siquiera en mi carro puedo cantar! me pide que trate de escuchar y mantenerme en silencio, pero se que le encanta que compartamos los mismos gustos. 

Nuestras conversaciones continúan siendo igual en frecuencia –siempre hemos hablado, tanto de mis cosas como de las de él- pero los temas han cambiado.  Sus análisis son distintos y sus percepciones, de distintas situaciones que le han tocado vivir, van madurando.  Comienzo a ver pequeñas cosechas de lo que he venido sembrando.
Su relación con su hermano es profunda, si bien lo molesta el día entero, a medida que crece desarrolla con él su sentimiento de protección y cuidado, como ubicándose cada vez mejor en el papel de hermano mayor que le tocó ser.  Me ayuda a corregirlo, a explicarle los deberes y los cambios que nuestras vidas han tenido.
Siempre ha estado a mi lado,  siempre ha sabido cuando me siento mal, cuando algo me ha preocupado, cuando he llorado y cuando he estado feliz, es que se pasa el día observándome y  “diagnosticándome”, la diferencia es que ahora, usa términos distintos, como de viejo… es que sin duda, está creciendo.

Cuando voy a verlo mientras duerme, me sigue causando la misma ternura de cuando era un bebé, pero reconozco que su rostro ha cambiado. 
…Y es que ya creció y no hay vuelta atrás.  Ya entramos a esa época en la que somos más adultos que niños, en la que se pisa el acelerador y solo nos acercamos a la madurez, la fase de la vida más larga y pesada; la otra, la de la niñez, dura poco y se va rápido.  El mío, mi hijo, ya la esta pasando.   Espero estar, como hasta ahora, en cada paso que él de, en cada decisión que tome, en cada problema y en cada alegría.
No sé si esto de la adolescencia me seguirá gustando más adelante, si la famosa edad del burro me traiga problemas, aunque debo reconocer que ya hemos pasado por cosas nuevas y a veces desconcertantes, pero este inicio, esta pre adolescencia, la estoy disfrutando y agradezco a Dios estar presente para acompañarlo, corregirlo y guiarlo.

En fin, mi hijo, “mi bebé”, ya no lo es más, es un “mini hombre” y el camino ya empieza a cambiar.

lunes, 10 de septiembre de 2012

FAMILIAS RECONSTRUIDAS



Hay conceptos, creencias, ideales de lo que tal o cual cosa “debe” ser, pero a veces la vida nos lleva a formar parte de las excepciones o de lo que supuestamente “no es normal”.
Mi familia es una de esas “diferentes”, soy divorciada y me he vuelto a casar.  Ahora somos 5, con mi esposo gané una hija y se suman a los 3 que ya existíamos, mis 2 hijos y yo.  Soy católica y se las consecuencias de estas decisiones, pero apuesto a la misericordia del Señor, porque creo en este nuevo inicio y El y yo sabemos que es motivado por el amor.

Esta semana es la semana de la familia y creo que las que son como la mía o de alguna manera y por alguna razón, “distintas” merecen también formar parte de esta celebración. 

Había escuchado el término de familias “disfuncionales” y que supuestamente eso somos las que no estamos conformadas por el padre, la madre y los hijos de esa unión.  Este término, desde mi punto de vista, es doloroso, mezquino y de lo más injusto y no por que me caiga directamente, sino, por que no se puede juzgar y menos generalizar; lo disfuncional puede también existir en lo que aparenta normalidad, además, al igual que la familia estándar, hacemos todo para que la nuestra sea la mejor del mundo, llena de felicidad, amor y paz.  

¡Claro que sería increíble que no haya divorcios, que no haya pobreza, ni drogas, ni violaciones, que solo reinara la paz y la alegría!, pero no, el mundo tiene sus dificultades y hay que aprender a vivir en situaciones extremas y sacar lo mejor de ello y si, junto a Dios, Dios no está solamente con los que siguen el camino “normal” y tuvieron una estrella que les hizo sus vidas fáciles y perfectas, Dios también está con los otros.

Pero así como hay términos un tanto duros, también hay otros a los que podemos acudir si queremos tener otra visión de las cosas y continuar.
Gracias a una persona que Dios puso en mi camino, aprendí que mi familia es una familia “reconstruida”, este término me llenó de esperanza y de nuevos ideales, y es que somos distintas al resto, es verdad, pero no menos importantes.

Ser parte de una familia reformada me ha traído grandes desafíos como ser humano.  Es interesante lo que puedes aprender cuando formas parte de una de ellas.  La humildad, la entrega, la paciencia y el amor llega incluso a sobrepasar el límite de lo que practicas con la tuya de sangre,  ¡y es que es fácil amar lo propio!,  el desafío es hacerlo con los nuevos integrantes de tu familia, esos que ahora forman parte de tu vida y la comparten contigo.
Debes abrirte a amar a una persona (o las que vengan con tu pareja) y aprender un nuevo papel en tu vida que requiere de mucho cuidado y precisión, y la verdad es un ejercicio de amor que solo puede ejercerse de la mano de Dios, por que el amor por tu pareja no es suficiente.

Tu ego debe ser dominado y en lo posible, eliminado.  No solo porque toca dejar atrás cualquier resentimiento o dolor que puedas sentir por tu ex pareja para que tus hijos estén bien, al fin y al cabo, ellos no tienen culpa de nada y merecen seguir viendo a sus padres o madres que ya no viven con ellos – eso no se cambia y ese lugar no se ocupa – sino también, porque toca recibir como propios a los que llegan y toca entregar a los propios a los que llegan.  Situación a la que se enfrentan otras clases de familia conformadas de distintas maneras, niños que se quedan con sus abuelos porque sus padres emigraron, padres que adoptaron niños, tíos que integraron al hijo de uno de sus hermanos a su familia, entre otras, todas ellas también luchan día a día por ser la mejor familia del mundo para que sus miembros sean felices.

El diccionario de la Real Academia da un significado de familia más justo que lo que muchos personas definen a familias como la mía, pero de la mano de Dios todo se supera.  La tarea no es fácil, siempre ser “distinto” hace las cosas complicadas, pero la vida de uno no debe ser calificada por otros, uno no lo puede permitir,  se debe de seguir adelante y hacer lo mejor posible dentro de la realidad que le ha tocado vivir.

A esas familias que muchos llaman “disfuncionales” y muchos otros llamamos “reconstruidas” mi más grande admiración y respeto.  Nadie sabe por que llegaron a donde están, pero tienen el derecho de mejorar, corregir y continuar, y sobre todo, merecen ser felices.

Esta es la semana de la familia y eso es lo que somos.

lunes, 25 de junio de 2012

MORALIZADORES



La semana pasada me pasó algo gracioso, estaba manejando en una avenida de doble vía, (un carril para cada lado) que tiene mucho tráfico, especialmente, en horas de entrada y salida de estudiantes del colegio y la universidad que hay sobre esa calle.  Venía tranquilamente  por mi carril y como estábamos parados, decidí ver mi celular para poner una canción, repito, estábamos parados en el tráfico.  De pronto, una señora me pita insistentemente, muy insistentemente y con puras señas me reta para que no use el celular.  Lo gracioso del caso es que mientras ella me pegaba gritos de lo que “no se debe hacer” ella me rebasaba por la derecha y hacía doble fila donde no se puede.  Yo al principio no entendí que le pasaba, luego de recibir semejante retada, me puse a pensar… ¿que le pasa?  Se pone histérica por que según ella estoy usando el celular -cosa que no era cierta, estaba poniendo música mientras el carro estaba parado- y ¿no se da cuenta que es ella quién infringe la ley?  ¿Cómo alguien puede ser tan osado de casi insultar a otra persona por algo que “no se debe hacer” mientras ella misma comete una falta?

¡Es que este mundo esta lleno de gente así!! ¡Puro moralista! Es más fácil ver los errores del resto, hasta enojarte, dar cátedra de lo que se debe o no hacer, de lo correcto o incorrecto y jamás te pones a ver los errores que cometes.
Pasamos mucho tiempo preocupándonos por lo mal que actúa el resto o por lo que no hacen y deberían (según nuestro sabio criterio, claro está) y nos peleamos, ¡hasta nos amargamos! por que las personas no piensan como nosotros… por que están “equivocados”.

Cuántas situaciones no se mejorarían si paráramos a ver nuestros errores primero y nos preocupáramos por corregirlos.  Hay muchas causas justas en el mundo que por la intolerancia y la falta de humildad de quienes la lideran, pierden su objetivo y terminan en guerras, en rompimientos, en distanciamientos, en muerte.
Cuánto ganara la sociedad si primero nos preocupáramos por trabajar en nosotros mismos, dando tal vez, una mínima opción, una posibilidad, de que el otro tiene algo, tal vez algo, de razón en lo que dice o piensa.  Preguntando primero, antes de dar por sentado que el otro es un imbécil y hace todo mal, aceptando que puede haber otra forma de hacer las cosas, de sentirlas, de percibirlas, de hacerlas.  Además, que haciendo bien lo que nos corresponde aportaríamos con quienes nos rodea:  familia,  trabajo, congregación, etc., logrando un fenómeno de expansión, contribuyendo a que la sociedad sea mejor, siendo parte activa de este gran engranaje.
¡Y es que tenemos tanto que hacer de nuestras narices para adentro! Pero no, es más fácil ver la paja en el ojo ajeno.

Así, por ejemplo, esa señora que pito insistentemente tratando de corregir en mi algo que según ella estaba haciendo mal yo, se hubiese preocupado mejor por no hacer doble fila, por ella no infringir la ley, para luego, pretender meterse en la vida del otro.  Así también, nos preocuparíamos por educar a nuestros hijos bien y no ver lo malcriados que son los hijos del resto.
Nos preocupáramos por trabajar en nuestro matrimonio y no en corregir el compromiso de la otra persona.
Los gobiernos se preocuparían más por la responsabilidad adquirida, que por  insultar o minimizar el trabajo de sus opositores y antecesores.
Quienes tienen a su cargo la enseñanza de la fe se preocuparan por predicar la palabra de Dios y así convertir al mundo, sin necesidad de hacer señalizaciones o usar adjetivos inmisericordes, como ha ocurrido en algunas ocasiones.
No perdamos el horizonte, que seamos buenos en algo no quiere decir que no tenemos nada más en que trabajar o que tenemos la autoridad para ir por el mundo dando cátedras de moral.

Es difícil, pero la idea es tratar.  Dejar de buscar culpables y a quienes volcar nuestro complejo de maestros. 
Intentar hacer bien nuestra parte para luego pretender moralizar al otro.

Por lo menos yo, creo que vale la pena el experimento.



Quien no sabe bailar, le echa la culpa al piso.
  Orson Welles